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31/10/2020

[Desempolvando juegos] Le Havre, pescando en el top


En estos días de confinamiento está a la orden rebuscar entre nuestra estantería juegos y volverlos a sacar, en éstos días nos viene al pelo nuestra sección “Desempolvando juegos“. Concretamente vamos a hablar de Le Havre, un juegazo del 2008 creado por el señor Uwe Rosenberg, publicado, en nuestro país, inicialmente por la desaparecida Homoludicus, la versión que yo tengo, y posteriormente reeditado por Maldito Games.

Digamos que Le Havre es un juego “duro”, un eurogame clásico que se puede ir a las dos horas y media de duración aproximadamente. El juego está diseñado para jugarse desde uno a cinco personas pero, sin haber probado el modo solitario, en mi opinión su mejor número es a tres jugadores.

Imagen del juego de mesa Le Havre

Foto general del tablero. Imagen sacada de BGG

Temática

Nos encotramos en Le Havre, ciudad francesa que más que ciudad es un puerto, de ahí el nombre que es lo que significa. Por lo tanto estamos en el puerto y seremos compañías navieras que tendremos que expandirnos mediante construcciones en la ciudad y comerciar con todo tipo de productos y mercancías. Como en cada eurogame el tema no es tan importante, si te dice que estás en Grecia te afecta de la misma manera…

Mecánicas

Le Havre se podría enmarcar dentro de los juegos de “colocación de trabajadores” aunque luego tiene otras mecánicas que encajan a la perfección. En nuestro turno tendremos que mover nuestro barco por el río, un río formado por siete losetas, y tras moverlo debemos abastecer el mercado con lo que nos indique la loseta en la que terminamos el movimiento, siempre lo haremos saltando a los demás barcos para posicionarnos en primera posición.

Tras esta acción “automática” tendremos dos opciones: coger todos los recursos de un tipo de los disponibles en el mercado, pescado, madera, hierro…) o colocar tu trabajador en un edificio y realizar la acción de ese edificio. Parece simple ¿no? Pues ese es el principal motor, luego todo se complica poco a poco…

Como es habitual en los juegos de Uwe al final de cada ronda habrá que alimentar y también se habilitarán nuevos edificios. Tras un número determinado de rondas el juego termina y gana el que más puntos haya obtenido, que es una mezcla del dinero que te sobra, los edificios de tu propiedad y los barcos que tengas, los recursos que te hayas quedado no sirven de nada, por lo tanto hay que optimizar al máximo.

Imagen de los recursos del juego de mesa Le Havre

Mogollón de recursos. Imagen sacada de BGG.

Las otras mecánicas

Le Havre, como he mencionado antes, tiene muchas otras mecánicas que hacen que todo fluya y cobre sentido. El elegir entre recoger bienes o colocar tu trabajador en un edificio es crucial porque hay que optimizar al máximo cada recurso. Sin duda el principal atractivo son los edificios, en tu turno puedes colocar tu trabajador en la oficina de construcción para construir un edificio de los tres disponibles, cada uno con sus materiales necesarios. A partir de ese momento ese edificio pasa a ser tuyo, pero no es exclusivamente tuyo, y ahí está la gracia. Cualquiera puede usar un edificio construido por cualquiera, sólo que algunos te darán beneficios o te tocará pagar a su propietario para usarlos.

Así pues tenemos edificios de todo tipo: para procesar materiales y transformarlos en mejores bienes, como hierro en acero o el carbón en coque; para ganar puntos al final del juego, para ganar dinero, para construir barcos, para hacer cambios o para obtener recursos variados. Además, después de elegir entre colocar el trabajador o recoger los recursos del mercado podrás comprar un edificio, siempre que puedas pagarlo, por lo que cada edificio tiene un valor en dinero. Es decir en un turno puedes construir un edificio y comprar otro.

Además hay edificios de diferentes tipos que te pueden otorgar puntos al final de la partida ¡lo que me gusta un combo! También están los edificios especiales, de los que solo verás muy pocos en cada partida y que le otorgan una mayor rejugabilidad al juego.

Estas son las mecánicas generales pero no podemos olvidarnos del final de cada ronda, en la cual tenemos que alimentar, ya sea con nuestros bienes: pescado, pan, carne… o con los barcos que hayamos construido o comprado, los cuales nos reportan unos bienes constantes, por lo que se hacen imprescindibles y hace que la alimentación no apriete tanto como en Agrícola. Además, los barcos, te reportarán puntos al final de la partida, y según avance ésta serán mejores: primero de madera, que te reportarán pocos puntos y comida, luego de hierro y acero hasta un transatlántico que sólo reporta puntos.

Imagen del contenido del juego de mesa Le Havre

Todo esto trae este juego, un montón de cosas. Imagen sacada de BGG.

Conclusión

Le Havre es un juego que me enamoró en su día, para mi es un juego que combina cada mecánica de una manera perfecta, es elegante en su diseño, claro que teniendo al grandísimo Klemens Franz no podía ser de otra manera, ya que de un vistazo te queda todo claro. La principal pega es el setup ya que o te fabricas unas soluciones o los bienes quedan todos tirados de cualquier manera.

En todos los grupos de juego que lo he llevado a triunfado y, si se juega ágil no se hace largo. No es un juego de “una estrategia”, puedes explorar muchas estrategias y no te penaliza si cambias durante el desarrollo de una partida, ya que una acción puede quedar bloqueada por un trabajador que no se mueva y tengas que optar por otras alternativas, el hambre no suele agobiar y los “préstamos” en este caso sí que se pueden devolver a lo largo del juego.

En definitiva, para mi es un juego top, un juego que merece ser jugado y que seguro que tras probarlo acaba en más de una colección, un clásico que no pasa de moda. Yo le he valorado con un 9.5/10 en BGG, tan solo por ese problema con el setup, que he arreglado con unos bols pequeños de plástico donde caben los recursos.

CHeMiCaL, el Cavernícola
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