[Reseña] Wollodrin. La mañana de las cenizas Sin valoraciones aún

“Es como una partida de rol”, posiblemente sea la frase más repetida al ver una serie o película o al leer un libro o un cómic.

Aunque hay obras que han sido inspiradas directamente por partidas de rol – Dragonlance fue la adaptación de la partida de rol de sus autores y Vox Machina no oculta su origen – esta frase no tiene que ser tomada de manera literal. El primer tomo Wollodrin tiene elementos muy marcados hacen de él una estupenda semilla de aventura, veamos por qué.

La historia

Durante una visita protocolaria, una de las herederas de las doce familias desaparece en mitad de una sublevación de orcos. Al no hallar el cuerpo de la joven, familias ocultan el hecho y buscan a un grupo de aventureros para que se internen en territorio orco en una misión de rescate.

En ese preciso momento los ocupantes de la celda XXVII de la prisión de Marmaëkard ven una oportunidad de salvar el pellejo, embarcándose en la misión suicida.

Poco a poco serán conscientes de que no han sido elegidos al azar y que las maquinaciones políticas e intereses del reino pueden ser un enemigo más formidable que todo un ejército de orcos.

Como cómic

David Chauvel y Jérome Lereculey comenzaron a publicar esta saga en 2011, terminándola en 2018. Yermo Ediciones publicará los diez tomos, en álbumes dobles, como ya es habitual. Sobre esta forma de publicar, es importante remarcar que, aunque Wollodrin tiene una visión de historia única, su narración se hace mediante sagas más pequeñas que ocupan dos tomos en su versión original. Por tanto, el tomo de Yermo Ediciones forma por sí solo una historia completa, facilitando la lectura.

Curiosamente La mañana de las cenizas arranca como el thriller Sospechosos Habituales: Seis desconocidos en una celda, expertos en su trabajo y que se completan entre sí, sin convencidos para realizar una misión suicida. Fórmula que funciona y el comic coge ritmo en pocas páginas. Las ganas de conocer a los personajes, las grandes viñetas con paisajes que parecen sacados de El Señor de los Anillos y una trama cuidada, que sabe insinuar detalles, te hacen pasar páginas y páginas.

La publicación de Wollodrin es una buena noticia para los admiradores del cómic de fantasía europeo en España. Aunque su traducción al castellano se ha hecho de rogar, creo que la edición merece la pena. Parece ser que entre los meses de julio y agosto se publicará La Caravana – título provisional sacado del original en francés – donde continúa la historia de Wollodrin desde el final de La mañana de las cenizas. Toca esperar un poco.

En una partida de rol

Como decíamos al principio, lo primero que se le viene a la mente a un jugador de rol tras haber terminado de leer El mañana de las cenizas es pensar la historia como una partida de rol. Hablar de ello con Joan Tretze, siempre aclara y pone las piezas en su lugar – gracias Joan – matizando lo que quieres decir.

Partamos del hecho de que, para los ojos de un jugador de rol, cualquier historia de aventuras, más o menos coral, ya será una potencial aventura. De hecho, el concepto de rol clásico no tiene nada de novedoso respecto a la ficción y es esta semejanza la que nos hace pensar – a nosotros, los jugadores – en cómo llevar esa historia a la mesa.

Un buen ejemplo es el que el propio Joan me propone: “Es como decir que El hobbit es como una partida de rol. Cuando obviamente es anterior y, ni tan siquiera, es novedoso en su planteamiento.

No puedo negar que mientras leía La mañana de las cenizas me saltaban muchas ideas para una partida de rol clásica. Si bien, no todas las historias que creemos “ser roleras” son fácilmente trasladables a una mesa, lo cierto es que La mañana de las cenizas parece querer tentarnos a llevarla a cabo, incluso como partida iniciática:

Marca el inicio de la aventura, reuniendo a los personajes, los jugadores, y les plantea un reto y motivación; durante la primera parte se presenta el mundo donde se desarrolla la aventura, estableciendo el trasfondo y ofreciendo oportunidades para presentar algunas mecánicas; más adelante se muestran a los antagonistas y se termina con un enfrentamiento, que puede enlazar con otra aventura.

Llevar una aventura de un cómic, o desde el medio que sea, a una mesa suele requerir un intenso trabajo de adaptación y como suele decirse: “Quizás es más fácil escribir un Libro Básico, a un buen modulo”. Wollodrin, El mañana de las cenizas, es un buen punto de partida si quieres empezar a escribir tus propias aventuras y necesitas algo de inspiración.

 

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