[Reseña] La Adopción, la Garúa 5/5 (1)

Algunos cómics te llaman la atención desde el momento en el que los ves en la estantería. No sabes nada de él e incluso la editorial es una desconocida en ese momento.

Tal fue el caso de La Adopción, Qinaya, tomo al que ya dedicamos una reseña. Ahora la historia de Gabriel, un abuelo sin nieta, llega a su fin, en La Garúa.

La Garúa

Garúa es una palabra de origen galaico-portugues. Ella hace referencia a una llovizna tan fina que parece que las gotas floten en el aire, en vez de caer. Es fenómeno muy común en la costa árida de Lima y aunque no moja, si empapa.

Han pasado dieciocho meses desde los sucesos del final de La Adopción, Qinaya. Los actos de Alain, hijo de Gabriel, por intentar formar una familia, ha acabado por romper tres. Qinaya ha vuelto a Perú con su madre.

Gabriel ha viajado a Lima para reencontrarse con su “nieta”, intentando reconstruir un vínculo que no existe entre ellos, el de un abuelo y su nieta. Pero el tiempo ha hecho que Qinaya se olvide de su estancia en Francia y que Gabriel no sea más que un extraño para ella.

Atrapado en Lima conoce a Marco, un padre en busca de su hija. Juntos recorren la ciudad, mientras comentan los motivos que les han traído a Perú. Ambos verán que se parecen más de lo que parece, forjando una buena amistad y redescubriendo el significado de ser padre.

Marco y Gabriel, nuestros dos protagonistas de paseo

K, yo y La Adopción

La Adopción me toca de cerca. La gente más cercana conoce la historia que L y yo vivimos para ser padres. Somos lo que se dice, padres mayores, tuvimos nuestro primer hijo con más de 35 años. Gran parte de ella se puede leer en estas reseñas en el blog de nuestro compañero Papa Cavernícola.

En nuestra “aventura” – nótense las comillas – recuerdo entrar en la oficina del servicio de adopciones de la Comunidad de Madrid y como el responsable de la primera charla nos contó el proceso completo, como en parte estábamos maravillados, como todo parecía empezar a andar, luego vino el golpe de realidad: “Antes de continuar tengo que comentarles dos cosas, adoptar no es fácil y recuerden, la gente pobre también quiere a sus hijos.” Con esta frase comenzó a contarnos la verdadera realidad de la adopción: la adopción nacional es más compleja y siempre se prima a la unificación familia, los países de origen de los niños cada vez son menos y con más trabas, es un proceso costoso, requiere viajes, juicios y psicologos. Nunca se me olvidará esta frase: “La adopción es una manera artificial para crear un vínculo que debería ser natural, una vez hecho es indisoluble por ninguna de las partes. Un niño no se puede devolver”

Con esto entenderéis porque sigue sorprendiéndome como en redes sociales se sigue romantizando la adopción, como se banaliza todo el proceso y como no somos conscientes de que este puede no salir bien. Adoptar es un proceso muy complejo y que se debe hacer con todas las garantías legales y que no siempre llega a buen término. Las series y películas no ha creado más que una imagen distorsionada del proceso de adopción, como si fuera ir a un supermercado o equiparándolo a la adopción de mascotas, que a muchos se les rompe y con ello gran parte de sus sueños.

Opinión

La Adopción es una historia cruda, nada amable con el lector. En un principio podríamos esperar un recuentro catártico entre Gabriel y Qinaya, ver que el vínculo entre ambos no se ha roto y esperar algún tipo de catarsis que diera esperanza al viejo. Pero eso sería poco realista en una historia tan bien documentada y mucho mejor narrada. Es particularmente ingeniosa la metáfora de la garúa, pues ambos personajes, Gabriel y Marco, parecen «flotar» en una situación que no les deja pasar página o caer si seguimos con la metáfora.

Zidrou – guionista de la obra – se aleja del drama amarillista sobre la adopción de Qinaya. Dice al lector y al propio Gabriel que esa parte de la historia ya se acabó, toca seguir adelante. Es entonces cuando la otra parte de la historia se nos muestra.

Monin – dibujante y colorista – por su parte crea un paisaje tan colorista en las calles de Lima, pero sabe trasmitir la pena y tristeza de las pérdidas de ambos personajes. Su estilo, algo cercano a las acuarelas llena las páginas de expresividad y una emoción, que complementan los textos de las viñetas.

Tras leer este La Garúa, es casi obligatorio volver a La Adopción, Qinaya. Ciertas escenas toman mas fuerza y a algunas viñetas terminan por completar  la historia de la pequeña Qinaya

Aunque es una historia para todos los lectores, tengo claro que calará más hondo entre aquellos que son o han sido padres. Sin duda una de las mejores obras del 2021, que parece continuar en lo que parece otra historia con el nombre de «La Adopción, Wajdi».

Esta imagen de La Adopcion, Quinaya cobra otro significado con la historia completa. ¿Pensad bien en ella?

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