[Opinión] El live action de One Piece Sin valoraciones aún

Todo el mundo ha opinado sobre el Live Action y ya ni siquiera hay “hype” sobre la versión en carne y hueso de la tripulación de los Sombrero de Paja (o la banda, como decían en el doblaje en español). Entonces… ¿qué aporto yo? Seguramente nada. El resumen ya está hecho cien veces: es una muy buena serie de piratas para neófitos de One Piece o para amantes de la obra. Ya está dicho. Incluso se ha anunciado la segunda temporada. A partir de aquí…

Esta reseña tiene destripes, aunque los he intentado mantener al mínimo. Está pensada para alguien que o tenga ya visto el Live Action o ya conozca One Piece (y, por lo que sea, ha huido de la versión de Netlfix y Tomorrow Studios).

El Arco de Navarone es lo mejor del manga

Las dos veces que presenté One Piece a alguien lo hice sin tener cuenta el canon, poniendo los capítulos del G8 (capítulos 196 al 206 del anime). Esta historia, exclusiva de la versión animada producida por Toei, presenta a los Mugiwara (Sombrero de Paja) en un momento avanzado de la historia. Oda jamás escribió nada en el manga original sobre la “base erizo” de la marina y, sin embargo, es de lo más One Piece que puedes presentar a alguien sin, ya sabes, leerse 15 capítulos del manga (unos 10 del anime) y conocer a Shushu (una de las historias que se han perdido en el live action). Y para entrar del todo en el manga o anime quizá el perro no es suficiente y hasta que Nami no suelta su gran “ayúdame” en el capitulo 81 (37 del anime) puede que no entres.

El arco del G8 es One Piece en estado puro: la Marina representada por Jonathan y Jessica por un lado… y Shepard por el otro. Cada personaje de la banda sigue su esencia, jugando con sus habilidades y con sus defectos. Además, tiene uno de los personajes más queridos del fandom: Condoriano (perdón, quise decir Con D. Oriano).

 

¿Qué por qué estoy hablando de todo esto? Pues con el live action pasa lo mismo.

 

Es igual pero no es lo mismo

Cuando ves la versión en acción real de One Piece puedes escuchar, de fondo, las reuniones que tuvieron los productores. Obviamente eso sólo pasa si conoces algunas de las versiones de la obra: el manga original de Eiichirō Oda o la versión animada de Toei. Puedes escuchar al responsable final del dinero preguntar: “¿realmente es necesario que salga Richie (el león que antes viste en la foto)?” Y, como el live action del One Piece está lleno de gente fan de la obra (y algunos dominan más el tema que, por ejemplo, yo) alguien respondería: “por supuesto, la historia de Shushu y Richie es dónde yo me enganché”. Con lo que el del dinero diría: “bueno a eso iba… ¿sabes lo que cuesta que un perro haga todo lo que sale en la obra?”.

Esta serie está llena de decisiones y recortes respecto a la obra original. La decisión más importante, crear un malo “final” para la temporada, ya va “en contra” de la obra original dónde cada arco se cierra sobre sí mismo (si no consideramos SBS o portadas con mini-historias). En los primeros cuatro episodios este malo todavía está de fondo, aunque ya se presenta otros de los hilos conductores: Buggy y Koby.

El payaso y el marine son las grandes apuestas de la serie, aparte de la tripulación de los Mugiwaras. A Buggy le dan un toque totalmente inspirado en el Joker de Heath Ledger (ya saben, el de El Caballero Oscuro). En el camino se pierde la parte más humorista del personaje. Koby pasa a ser la otra cara de la moneda de Luffy y, al seguir su sueño de ser marine, nos permite ver los puntos negros de la marina.

Seguiendo tus sueños

Koby, Buggy, los Sombrero de Paja y todos los demás simplemente siguen su sueños (aunque este sea una pesadilla para los demás, como vemos en los capítulos de Kuro). Esta es otro de los lugares dónde el live action ha puesto la quinta. En la obra original tenemos que esperar bastante hasta que vemos ese enfrentamiento entre sueño vs pesadilla.

El tema del Sueño, permitan las mayúsculas, es uno de los ejes de One Piece y el live Action hace algo genial: no sólo se centra en el sueño se Luffy, también en el de todos los demás (quedando, en mi opinión, Ussop como el más desdibujado). Obviamente eso también está en la obra original, pero la capacidad de condensar todas las evoluciones de los personajes en esta primera temporada ha sido excelente.

Las apuestas

El live action tiene claro que One Piece es raro, sobretodo en lo que a fisonomía de los personajes. Una de sus apuestas pasa por huir del CGI, exceptuando las maravillosas gaviotas y el goma-goma de Luffy, entre otras.

 

Esta elección no ha dejado indiferente a nadie. Tener unos gyojin a base de prótesis ha sido complicado de observar por parte del espectador, en algunos momentos. Además, esto ha forzado varias desapariciones tristes, como las ya nombradas. Personalmente quiero elevar un minuto de silencio por Hachi, del que ya no veremos su arco de redención.

La otra apuesta, su excelente casting, es algo que fuimos viendo poco a poco. Estaba claro que el reparto principal se había involucrado y eso se nota durante la temporada (y el impresionante trabajo de marketing para presentar la serie). La selección es tan buena que las quejas han llegado por tonterías, como que Sanji tenga acento canario. Pero, aparte de los actores principales, todos los personajes están clavados. Y los niños, en los que vemos el pasado de la tripulación, son de lo mejor

El futuro

Con tan buena presentación y siendo el primer live action de un anime que consigue sobrevivir, todos los ojos están puestos en su segunda temporada. Por una parte el malo es obvio y fácil (y, de hecho, ya lo han presentado). Baroque estará en el fondo, pero a mi me gustaría que se mantuviera, al menos, la visión de Koby. Esa ha sido una de mis novedades preferidas.

Por lo demás veremos cómo deciden incorporar a Chopper y, sobre todo, como actualizan a Mister Dos. Ese será el momento dónde veremos si son capaces de trasladar la obra original a la actulidad.

Pero para eso aún queda. Por ahora nos quedamos con el buen sabor de boca, con la sensación de libertad que da el mar y con la confianza suficiente como para expresar nuestros sueños.

 

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